Recuerdos, y otras logísticas de la realidad.

Los recuerdos tienen al principio tacto pegajoso, pero al final siempre acaban por endurecerse, dando forma así a las paredes de nuestra memoria.

Algunos, tienen el mismo tacto que las estrellas degeneradas, se dibujan en tu cabeza, como si fueses un cielo; hay muchas que están muertas pero siguen brillando. Se te presentan como pangeas de universos anteriores, y puede que un día, a sus descubrimientos te embarques.

Si no estableces un buen proceso de búsqueda y encuentro, en cualquier momento, cualquier recuerdo, de la misma forma en la que te llama, puede frenarte. 

La gran mayoría de ellos, suelen ser vientos que empujan, pero hay algunos, que te sumergen en tu espacio, en tus profundidades, atrapándote en un horizonte de sucesos del que no puedes escapar.

Toda emoción, toda acción recordada, es una hipersuperficie, frontera, del espacio tiempo. Si nos quedamos atascados en uno, podemos quedarnos a diez años luz de lo que podemos llegar a ser.

Siempre hay que estar formando parte de nuevos recuerdos.