¿De qué es cuestión?

 

<<  Este era un soldado que salió de su casa para ir al servicio militar. Hasta que llegó al sitio donde estaba el cuartel pasó un día y pasó otro; y el soldado llevaba tanta hambre que se paró en una venta que encontró por el camino. Y dice:
-Oiga, ¿tendría usted algo de comer? No llevo dinero, pero a la vuelta yo se lo pagaré.
-Sí, hombre, ¿por qué no?
-Pues mire, un par de huevos fritos, con eso tengo bastante.
Le trajo el par de huevos fritos, el muchacho se los comió y después siguió andando porque en esos tiempos no había ni ferrocarril ni nada. Llegó al cuartel, hizo el servicio militar y después de varios años volvió otra vez a su casa. Cuando volvía se acordó: “Ahora le voy a pagar los huevos fritos a ese hombre, que le hará falta”. Y le dice:
-Oiga, que aquí vengo a que me ajuste usted la cuenta para pagarle los huevos fritos.
-Hombre, pues ahora mismo se la voy a ajustar. Mire: con la de tiempo que hace que se los comió, de esos dos huevos habrían nacido dos pollos y esos pollos habrían empollado muchos pollitos y de esos pollitos habrían criado muchos más y…
Total, que le ajustó una cuenta tan grande que no la podía pagar. Y como el otro lo quería llevar a juicio, él se fue a buscar un abogado, a un bachiller:
-Mire, que me han ajustado una cuenta de tanto dinero por dos huevos fritos que me comí que yo no la puedo pagar.
-¿Y lo quieren llevar a usted a juicio?
-Sí, sí.
-Pues iremos a juicio a ver quién gana.
Llega el día del juicio y resulta que el muchacho llegó tarde. Y el juez le dice:
-Oiga usted, el que se comió tantos huevos, ¿cómo es que ha llegado usted tan tarde?
-Pues mire, porque he estado sembrando unas habas cochas y me he entretenido un poco.
-¿Qué me dice? ¿Las habas cochas nacen?
Y dice él:
-Y los huevos fritos, ¿empollan?   >>

 de este cuento informó Ramón Tapia Lobón (Algeciras, Cádiz).
y fue recogido por Juan Ignacio Pérez .